Reivindico la tristeza

en un mundo hipotecado que nos pasa por encima

reivindico al que observa

al que es sensible

al que se levanta todos los días

a hacer un esfuerzo

reivindico

esa fortaleza

desde la consciencia

de  una sociedad

neurótica

en el peor sentido de la palabra

esa que no llega

esa que te osculta el alma

con un sensor frio de médico residente.

 

Salgo de casa y la abulia social me resulta nociva

un hombre con la pierna amputada

una mujer con el brazo mutilado

ese mundo sucede

y por eso reivindico

una sensibilidad

pasada de moda

muy vintage

muy del siglo XiX

del que asume

del que erra y asume su vulnerabilidad

 

tristeza abrasiva quiero huir de vos

 

alzarme victoriosa de mi propia batalla

sin perder la consciencia

y por eso te reivindico

te exorcizo de mi

panal de abeja que crecen

en los pulmones

esta asfixia punzante

es superadora

es superada por la acción

y acá estamos.

Desarticulación Cubista

A Paul B. Preciado

1

Salí de la ducha con la piel 

enrojecida el agua caliente

apéndice 

del sol perpendicular en la pared

me calcé un chaleco de mi abuela

las medias de mi vieja

y fui hasta la cama 

con los pasos de quien almendra

la costra enmohecida en su vientre.

 

2

Lo que tengo que decir me atraganta

prefiero recorrer con el pulso inexacto

los sabores de la infancia

la manzana rallada con canela

la cajita de caramelos

un guiso humeante

y no la guerra

 en los ángulos de mi cuerpo

donde la nostalgia coagula el olvido.

 

3

Hubo hay habrá

batallas

anónimas 

mi útero 

estridente de flores

de plástico

para que no se mueran

para que los insectos 

no hogareñen las hojas

 

4

Mi cuerpo plastilinado

por las manos santas de un médico 

regurguita por la boca de Zeus

un apenas visible milagro

la curva necesaria 

y los ramos de rosas

quién los arroja ¿

hieren mis palmas

 

5

La cantidad exacta y suficiente

de polvo en los poros

azúcar de mascabo mi pelo

una luciérnaga mi cruz

en los rincones oscuros

y soy una silueta

 a acuarelar en la pared

pincelada a pincelada.

 

6

con las muñecas

 amortajadas 

sujeto mi cadena

 

7

Una cicatriz rencorosa

llevándose mi voluntad de habla

y aun así mi sangre resulta dulce

 como el agua limpia

y en los espejos el que no soy

tiene un gemir de niño en incubadora.

 

8

Decir mi cuerpo es ajeno 

como quien desentierra a una tortuga 

cuando se aviene el verano

que mi cuerpo sea

una desarticulación cubista 

gota de sodio en la laringe

 

9

Quisiera que no pero

hoy el cuerpo es un síntoma

un error claustrofóbico

no es la vista no es el tacto no

ocurre infinito en el presente 

Y decir yo es como decir

Y decir yo es como decir

mi padre con el párpado a media hasta

y su cuerpo zigzagueante

se detiene

en cada pájaro en cada hormiga

sin saber que lo que hace 

no deja de ser poesía

 

10

Y decir yo es como creer que 

un límite un encierro encapsula

un conjunto de ahoras que topan

ni desencadenan en nada 

hacen del contorno una prueba de fe

dónde empiezo ¿

el aullido doliente de los pájaros

decimos que cantan

un río seco

solo arrastra de barro

dónde termino ¿

y si hubiese un límite 

qué es el otro ¿

 

11

Qué esto que me sale del lenguaje 

Si se siente el pulso

 a dónde está la guerra

Por qué hay un hueco en aquella trinchera

con la profundidad de la garganta

de un daimon de algo que cabe 

en la palabra inconmensurable

pero no deja de desear nombrarse

otra cosa de otra forma.

 

decir yo es como decir

decir yo es como decir

si se siente el pulso

dónde está la guerra

 

El sonido de un trueno como salido de una cueva retumba en cada pared del cuarto. Un rayo de luz de quinientos pisos cruza el cielo de punta a punta, alcanzo a ver que cerca de la nube se le forma una raíz, bocha de luces que convergen como arterias, venitas de muñeca, en el tubo de tungsteno que acaba de dividir en dos este lado y el otro lado de los edificios, iluminando rincones a oscuras. Entonces, la lluvia catapulta, un ruidito como de cáscara de huevo quebrada y empieza a caer un rayo, otro rayo, un trueno, otro trueno en orquesta ante mis ojos enceguecidos por el espectáculo: una tormenta eléctrica.
El cielo espeso cortajeado por las cicatrices de los rayos que una y otra vez alumbran la masa oscura desde un punto incierto hasta un pararrayos. Al caer, cada grieta de luz hace temblar los cimientos de los edificios. Me acurruco entre las sábanas con la tempestad en la mira.

Hoy el corazón se me azuló un gris piedra como envenenado por medusa y yo corría por los pasillos con las bandejas en las manos dejando caer los pocos objetos que había cosechado con esmero.

Canta el viento una melodía obtusa que rebota en la pared de madera. Y es ella, con sus vetas nacaradas de tiempo, robusta de expectativa, como quien espera una leyenda. Entonces, lo que oye, un silbido cruel.

 

“más allá donde no podés ver hubo un árbol de corteza rugosa y ramas amplias como palmas de mano. El hombre te trozó y moldeo a imagen y semejanza de la piedra para construir un hogar sólido”

 

Entonces, un descubrir de angustia se yaga hasta el revoque. En un segundo se empieza a quebrajar la solidez, es una línea negra que parece camino de hormiga abriéndose entre las vetas. Todos recordamos nuestra infancia con un dejo de nostalgia que cicatriza las arrugas de la piel.

 

El viento –astuto- penetra por la hendidura hasta dentro donde el fuego de la chimenea ampara con su calor el invierno. Caen las hojas y los árboles se preguntan por aquella grieta que queda ahí.

Se susurra la tormenta primero en los pequeños detalles

así como la poesía es una punta gnóstica filosa

vuela una hormiga hasta otra rama

no sabe del lenguaje de las cosas

el limonero transmuta agradecido

el germinar de una frágil semilla

y no se doblega en las heladas

sino hasta erizarse los brotes

en esa resistencia del núcleo

que alberga el citoplasma

jugoso como centro de chicle bazooka

está la respuesta

por qué el transitar de la hormiga

el poema como un géiser.

donde se filtra la respiración del mundo.

SOBRE EL VERDEIAMARILLO del campo caen las aceitunas negras. Las uvas cavan pozos como piedras arrojadas en el balde de agua. El cactus florece cada luna nueva, misma flor es otra. Así naranjairojos sobre verde le acaricio esos pétalos acechados de espinas con las yemas tersas y se me astilla la piel.

 

Ninguna sutura a la herida. Picazón ¡Parecen gajos de naranja! No te lo lleves a la boca.

EN LA OLLA MAMÁ REVUELVE

la espesura sube

un hilo de sabia

desprendido de mi nuca

hasta el núcleo

de un sol

las fibras de almíbar

enhebrando el cosmos

salen del fruto

hirviente

es el punto

la ebullición

entre el jugo y la cáscara

sostengo el cucharón de madera

pienso sobrevivir al invierno

los cuises han cavado

sus madrigueras

hay ramas

en el hornero

mientras se deshojan

los árboles

y en casa la gotera

se agranda

cada día

un poquito más

como diciendo

es hora de

es hora de

sigo revuelvo insisto

damasco azúcar

azúcar damasco

con el cucharón

va trasmutando

el brebaje naranja

amarillo por momentos

rojo fértil

de herida abierta

algunos núcleos

aun sin disolverse

están sumergidos

en la miel

dales tiempo

agarran

con el movimiento

un dulce sabor a infinito.

Cuando los aires acondicionados están en off, las palomas se guarecen en los rincones a dormir, y la luz incandescente solo apacigua la sombra en casa, observo con altruismo los recuerdos del día los orbito como una abeja, que libando las aristas consigue lo mismo que un buen fotógrafo cuando atardece: la perspectiva justa desde donde capturar el instante.

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